Palenque es el parque arqueológico formado por las
ruinas de una ciudad maya en medio de la selva del Noreste de México. Ese no es
el nombre maya sino el del pueblo “Santo Domingo de Palenque”, fundado por los
españoles en el siglo XVI, cerca de esas ruinas. Comenzó a ser noticia a
mediados del siglo XX. Fue cuando el Dr. Alberto Ruz L’ Huiller ( 1906- 1979 )
director de investigaciones del Departamento de
Arqueología de México, descubrió que la losa central en el piso del
“Templo de las Inscripciones” de Palenque tenía 12 agujeros taponados con
piedras. Al levantar la losa, encontró una escalera de piedra que bajaba al
interior de la pirámide. El Templo de las Inscripciones debe su nombre a los
jeroglíficos tallados en su recinto superior. De esos jeroglíficos sólo se ha
podido descifrar la fecha, que equivale al año 692 de nuestra era.
Hasta entonces, se había
pensado que el interior de las pirámides mayas era simples plataformas de
sustentación de los edificios, que elevaban la construcción por encima del
nivel de la selva. Pero la escalera descubierta llevó al Dr. Ruz no solamente
al interior de la pirámide escalonada sino a un descubrimiento asombroso y
hasta ahora único en tierra maya: Veintidós metros por debajo del nivel de la
tierra había un ataúd de piedra. Lo rodeaban ofrendas de joyas exquisitas y los
esqueletos de seis jóvenes, cinco hombres y una mujer, que evidentemente habían
sido sacrificados, presumiblemente en honor del difunto. Una procesión de
sacerdotes se dibujaba en el estuco de las paredes. Dentro del ataúd, estaba el
cadáver de un hombre joven y muy alto, sobre cuyo tipo racial , hasta ahora,
los antropólogos no se han podido poner
de acuerdo.
Lo que causó mayor
asombro fue el dibujo tallado de la tapa del ataúd. Esa tapa es una losa de
piedra de 5 toneladas de peso. Es un dibujo inusual. Algunos dijeron que revelaba
influencias de cultura china. Otros arqueólogos dicen que esa es la tumba del
rey maya Pakal el Grande, que según entienden descifrar, a partir de los 12
años, reinó en Palenque entre los años 615 a 683 e.c. del calendario occidental
. Durante su gobierno, se construyeron la mayoría de los palacios y templos de
Palenque. Pero el rey Pakal era maya. Los mayas están pintados en los frisos de
los templos, sus descendientes siguen viviendo en la península de Yucatán. Son
realmente bajos de estatura. El esqueleto hallado en esa tumba, era de un
hombre muy alto… y joven. Según la tradición, Pakal falleció con 80 años
cumplidos.
José Díaz Bolio,
(1906-1998 ) arqueólogo mexicano aficionado, autor de varios libros, mantuvo toda su vida que la civilización maya adoraba entre otras
cosas al sol y encontró en la víbora de cascabel , que cada año pierde su piel
y se rejuvenece con una piel nueva, la encarnación de su principal divinidad.
Para que el sol reviviera después de cada invierno, el pueblo maya estructuró
su calendario, su cerámica y todos sus edificios de culto. Toda la pirámide
maya, según esta explicación, es un símbolo del camino del sol en el cielo a
través de las estaciones. Los escalones tan altos y angostos de la pirámide
maya obligan a subirla en diagonal, en un zig zag que imita el movimiento de
una serpiente sobre el suelo, que se supone
es igual al camino que se ve hacer al sol en el firmamento. En la tapa
del ataúd de Palenque, Díaz Bolio cree ver el símbolo del sol naciendo de una
serpiente, aunque admite que es la única representación que existe en que el
sol aparece representado con el cuerpo completo de un hombre joven y alto.
Hay otra teoría sobre el
dibujo tallado en esa losa sepulcral. Los indígenas mayas simplemente tallaron
lo que vieron. Sólo que los arqueólogos hasta el siglo XX no se dieron cuenta
de lo que era porque desde los mayas hasta nuestra época, nadie había visto
cómo luce un astronauta en un módulo espacial. El dibujo ha sido llamado por
Eric Von Däniken en su libro “ Recuerdos del Futuro” como “ El astronauta de Palenque”.
Muchos escribieron sobre
el visitante extranjero enterrado en
Palenque. Un día fuimos a verlo con nuestros propios ojos.
Llegamos al aeropuerto de
la ciudad de Villahermosa a las 7 de la tarde, en medio de una lluvia
torrencial. Antes de poner las valijas en el baúl del auto que alquilamos, fui
a sacar mi paraguas. “ No se moleste” me
dijo el empleado que nos estaba dando las llaves del auto. “No va a llover hasta
mañana por la tarde”. Por supuesto, tenía razón.
Nos aconsejaron en el
hotel que saliéramos muy temprano en la mañana para las ruinas y llevar calzado
cerrado porque la zona arqueológica sólo se puede recorrer a pie y el
suelo está siempre húmedo . “ No lo
olviden. Vuelvan temprano. Hacia las 3 de la
tarde empieza a llover. A las 4, ya cae el diluvio”.
El parque de las ruinas
es enorme. El panorama se extiende entre bosque verde, cielo azul y viejas
estructuras en forma de pirámide escalonada, en medio de una humedad tan pesada
como una sopa. El Templo de las Inscripciones está a la entrada del parque
arqueológico. Los escalones para subir a la plataforma superior son
bastante diferentes de los de las
pirámides del Sol y de la Luna que están en ciudad de Mexico. En ciudad de
Mexico, el pie cabe de frente en cada escalón. Aquí hay que subir los
interminables escalones con los pies de
costado, haciendo zigzag en esos
angostos escalones. Una vez arriba, la vista vale la pena. Desde aquí, con
nuestro mapa de la antigua ciudad en la mano, reconocemos casi todos los
edificios, los templos, los baños, ¡hasta el campo de juego de pelota! Pero en
nuestro paseo sólo pudimos visitar el
Templo de las Inscripciones. No da el tiempo para más.
Después de subir hasta la
plataforma superior, empezamos a bajar la escalera hacia el interior de la
pirámide. Esta escalera es muy estrecha y da vueltas en forma de letra U . Nos
conduce un guía que lleva cada tanto, grupos pequeños de turistas .Tal como
dicen nuestros libros, por algún artilugio de ingeniería empleado en la
construcción, aquí, varios metros debajo del nivel de la tierra, cada pocos
metros, se sienten corrientes de aire.
La entrada a la cripta
mortuoria es muy pequeña. Una serpiente está tallada en el piso y parece subir
desde la tumba hacia la escalera.
El enorme ataúd está
detrás de una reja. Respiramos hondo. Definitivamente, esto no se parece a
ninguna talla indígena que hayamos visto personalmente ni en fotos. Si es un
símbolo, ¿ qué simboliza? Ante nuestros ojos hay claramente un hombre joven,
sentado ante lo que parece ser un tablero de vehículo que podría ser actual.
Manijas, pedales, indicadores con sus agujas. Podría ser un auto, bote,
módulo espacial. La parte inferior
dibuja lo que parece arrojar fuego o humo a presión, como si fuera el escape
del combustible. ¿Quizás los indígenas que hicieron el tallado tenían mucha
imaginación? ¿ Copiaron lo que vieron?
Nos explica el guía que
este ataúd dentro de la pirámide es una copia hecha de material de
construcción. El ataúd original de piedra está en el Museo de Bellas Artes de
Ciudad de Mexico. Unos días después lo vemos en una sala de ese museo, pero esa
visita no tiene ninguna emoción. Nada se compara a encontrar una tumba después
de subir a una pirámide y luego bajar hasta sus entrañas.
Cansados como estamos,
antes de salir del parque arqueológico nos sentamos a la sombra de una
estructura de piedras. Miramos el cielo azul y vemos las nubes que comienzan a
llegar a tremenda velocidad. Recordamos
el aviso que nos dieron en el hotel. No
hay tiempo de descansar, ¡ ya llega la lluvia! Salimos corriendo hacia el auto.
Volvemos desde las ruinas
de Palenque al aeropuerto manejando bajo una cortina de lluvia tan espesa que
casi no deja ver la carretera. Ni un solo auto nos cruza en los 120 kilómetros
de esa ruta bajo la lluvia .
Después del largo viaje, no sabemos
explicarnos lo que hemos visto. ¿Es un rastro del pasado o tal vez del futuro?
¿Qué civilización de nuestro planeta pudo enviar a tierras mayas, en el siglo
VII de nuestra era, un viajero en un vehículo semejante? ¿Quién pudo ser ese
extraño visitante de la América precolombina?
Esther Mostovich
de Cukierman